VIÑA PEDROSA EXCELENCIA CAMPESTRE

Eldirector técnico y cara visible de una de las bodegas más emblemáticas de la mejor Ribera del Duero desvela en esta entrevista cuáles han sido las claves de sus más de tres décadas de vida siendo una referencia obligada.

Es imposible separar a José Manuel Pérez Ovejas de Viña Pedrosa/Pérez Pascuas. Lejos de los focos, su trayectoria ha ido in crescendo a la par que los vinos de la casa. No se le conocen escapadas ni colaboraciones externas; es la misma antítesis del enólogo volante. “Me he dedicado la empresa familiar en cuerpo y alma desde que finalicé mis estudios universitarios en 1989, cuando asumí la dirección técnica. Antes, tuve la suerte de vivir la viña, la vendimia y la bodega desde muy pequeño”, asegura. Viña Pedrosa cumple en estos días 35 años “acumulando juventud” y, aunque puede haber alguna novedad en el futuro cercano, no piensan aumentar la producción. “Tenemos un mercado importante que podría absorber más, pero podríamos poner en riesgo la calidad. Nuestro promedio son unas 550.000-600.000 botellas por año y no tenemos intención ninguna de crecer”.

 

Se ríe cuando le comento que, en los años de la “alta expresión”, algunos se referían a Viña Pedrosa como el Ribera “riojano”. “Otros han dicho que es el Borgoña del Duero, pero tampoco”. Aunque quizás esta segunda apreciación defina mejor el espíritu de una casa que, con un labrado prestigio de clásica, sigue siendo el sueño de una familia de viticultores que en 1980 dejó el abrigo de la cooperativa local para empezar su propia aventura en busca de la grandeza de la viña.

 

Eso fue dos años antes de que se fundase la D.O. Ribera del Duero. Un nacimiento en el que no había grandes proyectos empresariales

Éramos un pequeño grupo de bodegas familiares y alguna cooperativa. Antes que bodegueros hemos sido viticultores por lo que nuestra ventaja es un gran conocimiento del viñedo.

¿Podría decirse que vivir ajenos a las modas os ha vuelto a poner de moda?

Viña Pedrosa nunca quiso entrar en ese juego y el tiempo nos ha dado la razón. Jamás quise dejarme influir por tendencias ni encontré interesantes esos tintos que, en algunos países, dicen “vinos-juguete”, con fruta sobremadura y demasiada madera, muy pesados para disfrutarlos en la mesa. Hemos seguido firmes y convencidos de que tenemos vinos grandes, con la particularidad de su terruño. Hemos respetado las viñas que plantó mi abuelo, Mauro Pérez, y las nuevas plantaciones se han ido injertando haciendo selección masal a partir de ese clon ideal de Tinto Fino, o Tinta del País, que nos permite mantener nuestra identidad. Toda nuestra uva es de viñedo propio y tenemos diferentes pagos porque hemos ido seleccionando tierra y orientaciones, siempre con producciones moderadas.

¿Qué pinta trae 2015?

Soy optimista. Desde la prudencia que debemos tener, puede que sea una cosecha histórica. La planta ha tenido una evolución ideal. Las producciones vienen mucho más ajustadas que en 2014, casi un 30% menos. Hemos tenido un verano seco con lluvias aisladas pero en el momento oportuno. Llevamos una semana de adelanto con respecto a un año normal y los 20 días que faltan ahora van a ser determinantes. Con la bajada de temperaturas de estos días tenemos noches frías. La uva va madurando lentamente y se acerca a la vendimia, el momento decisivo. Quizás estemos cerca de manejar una gran cosecha.

 

¿Cómo se ven estos 35 años, mirando hacia atrás?

No ha sido un camino de rosas, pero Viña Pedrosa es hoy una casa respetada a nivel mundial. Lo hemos conseguido gracias a nuestro concepto de bodega familiar y a un equipo, absolutamente fundamental, de trabajadores que son parte de nuestra familia. Tenemos la enorme satisfacción de haber contribuido a crear la D.O. Ribera del Duero y a sentar las bases para su desarrollo. Esto nadie nos lo puede quitar porque no era fácil, cuando era una zona desconocida e íbamos con la botella debajo del brazo. Otros que han llegado después lo han tenido más sencillo. Estamos orgullosos de nuestra contribución

¿Y cómo se interpretan vuestras iniciales 35 hectáreas –hoy 145– en Pedrosa de Duero?

Como director técnico, tengo un perfil de vino muy definido: tintos 100% personales, sin artificios, que apuestan por una materia prima de calidad y tienen gran equilibrio entre el grado alcohólico –entre 13,5º y 14º– y la acidez, con PH bajo, un conservante natural. Todos nuestros tintos hacen gala de este punto fresco, con unos taninos de gran calidad, la finura y complejidad que nos definen y una envidiable frescura gracias a la acidez natural que nos da el clima. Personalmente, estoy obsesionado por medir con exactitud los tiempos de barrica porque nuestros tintos nacen con una gran capacidad de evolución en botella.

 

Uno de vuestros sellos de identidad es el uso del roble americano, que no todos consideran suficientemente fino para tintos con ambición.

Salvo Finca la Navilla, todas nuestras etiquetas llevan un porcentaje cercano al 50/50 de francés y americano, que es un grandísimo roble. Sabiéndolo manejar, es un complemento ideal, respetuoso con el perfil de nuestros vinos y de otros de la Ribera del Duero. Cuando llegó la moda de las barricas francesas parecía que eran la panacea, pero el equilibrio ideal de nuestros tintos pide que pasen la primera parte de su maduración en roble americano, que aporta ese toque de coco, vainilla e incluso un ligero tostado. Luego, la madera francesa pone armonía, redondez y complejidad. No nos podemos permitir equivocarnos porque no hay vuelta atrás.

 

¿Buscáis una imagen tradicionalista? Todos vuestros vinos llevan contraetiqueta de crianza, reserva o gran reserva. Ni siquiera el más joven, Cepa Gavilán, es un “roble” al uso.

En nuestro caso, es el mercado el que lo sigue demandando. Cuando salió Finca la Navilla lo hizo con etiqueta genérica, pero cumpliendo los 20 meses propios de un reserva. Nuestros clientes nos lo pidieron y hemos implantado la contraetiqueta este año.

 

 

¿Podría decirse que vivir ajenos a las modas os ha vuelto a poner de moda?

Viña Pedrosa nunca quiso entrar en ese juego y el tiempo nos ha dado la razón. Jamás quise dejarme influir por tendencias ni encontré interesantes esos tintos que, en algunos países, dicen “vinos-juguete”, con fruta sobremadura y demasiada madera, muy pesados para disfrutarlos en la mesa. Hemos seguido firmes y convencidos de que tenemos vinos grandes, con la particularidad de su terruño. Hemos respetado las viñas que plantó mi abuelo, Mauro Pérez, y las nuevas plantaciones se han ido injertando haciendo selección masal a partir de ese clon ideal de Tinto Fino, o Tinta del País, que nos permite mantener nuestra identidad. Toda nuestra uva es de viñedo propio y tenemos diferentes pagos porque hemos ido seleccionando tierra y orientaciones, siempre con producciones moderadas.

 

¿Visión “bordelesa”, con mezcla de parcelas y uvas, o “borgoñona”, monovarietal y monoterruño?

Soy más de vino de parcela y, de hecho, nuestros pagos se vinifican siempre por separado. Cada uno tiene su impronta y las fermentaciones siguen sus propios caminos. Soy poco intervencionista porque me gusta dejar que se exprese el viñedo y aprovechar lo que nos brinda cada parcela, ese toque genuino que no se debe perder en el ensamblaje, que se puede hacer luego, en función de su evolución en las barricas.

 

Firmas uno de los tintos más caros de la zona. ¿Conviene, en estos tiempos, dar imagen de elitismo y exclusividad?

Pérez Pascuas Selección Especial es lo máximo, la excelencia, el vino que define hasta donde se puede llegar. Es una satisfacción indescriptible porque demuestra que hay consumidores que están dispuestos a pagar los 800 o 900 € que puede costar en el mercado internacional. Pero la mayoría de nuestras marcas pertenecen a una gama mucho más accesible. El Viña Pedrosa Crianza es nuestro tinto más representativo, nuestra imagen en el mundo del vino. Viene a ser un 50% de la producción y está en las tiendas a unos 16-18 € que están al alcance de casi todos los bolsillos. Y, todavía más accesible, el Cepa Gavilán es un tinto que está en el mercado en torno a los 10-12 €.

 

¿Cuáles son tus añadas favoritas?

 

Recuerdo con especial ilusión que el año de mi estreno –1989– nos regaló una gran cosecha. Fue la suerte del principiante, una añada que marcó un antes y un después en nuestra bodega. Después, 1994 y 1995 trajeron vinos espectaculares y, en la siguiente década, vinieron 2001, 2004, 2005 y 2009. Entre las vendimias recientes, 2011 es increíble. Y hay añadas a las que no se dio demasiada importancia en su día, como 2006, que nos ha dado grandes alegrías. Con el viñedo que tenemos podemos jugar mejor en las cosechas difíciles y que no haya diferencias tan marcadas con las “buenas”. Aún están dando la talla 1990 o 1999, cuando celebramos el 25º aniversario de la bodega.

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JOSE MANEL PÉREZ SOBREMESA

“EL VINO SÓLO SE DISFRUTA CON MODERACIÓN” wim Facebook twitter instagram youtube linkedin